lunes, 13 de junio de 2011

MI VIDA SIGUE ARDIENDO

Este fin de semana cerramos La Pascua con la fiesta de Pentecostés. En un principio esta celebración era de tipo agrícola, donde el pueblo entregaba las primicias de su cosecha, como ofrenda a Dios; luego esta fiesta se convierte en la nueva alianza que representaba la unión que tuvo Dios con el pueblo en el monte Sinaí; por último la Iglesia la toma como la fuerza renovadora, desde que los apóstoles tuvieron esa experiencia maravillosa en comunidad, y fueron tomados y llenos de la gracia y el amor de Dios.

Sin embargo, a partir de hoy la Iglesia presenta el tiempo ordinario, no porque sea menos importante con respecto a los demás tiempos litúrgicos, sino porque en él aprendemos de lo cotidiano de la vida, incluso dentro de este tiempo hay momentos importantes como la celebración de la Santísima Trinidad.
Es momento de dejar que los frutos del Espíritu se empiecen a cultivar en nuestra vida, y que toquen todos los momentos, aprendiendo a ver los regalos del buen Dios en la cotidianidad, por todo lo que hizo, por todo lo que hace y por todo lo que hará.

Que ahora en este nuevo tiempo de la Iglesia, veamos lo bello de la creación y disfrutemos de las cosas simples de la vida, haciéndonos santos a la manera de Cristo.